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El fortalecimiento de la Iglesia y la predicación de la gracia de Dios

El fortalecimiento de la iglesia nos interesa a todos los que hemos sido llamados al ministerio. Éste fortalecimiento puede entenderse de dos maneras: espiritual y numéricamente, de los que las Escrituras proporcionan evidencia abundante. Pero si bien es cierto que el fortalecimiento del rebaño de Dios depende sólo de Él, es bueno preguntarnos ¿hay algo que la iglesia deba hacer al respecto? Por supuesto habrá quien responda “trabajar”. Claro, pero ¿haciendo qué? Las Escrituras nos muestran que una de las mejores cosas que puede hacer es mantenerse fiel a la predicación del verdadero evangelio, es decir, hablar de la gracia de Dios mostrada en Jesucristo.

Cuando Pablo comenzó su segundo viaje misionero —sí, ese después del pleito con Bernabé—, Lucas nos deja ver parte del resultado de su trabajo, aun cuando recién ha comenzado. Él escribe:

“Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.” Hechos 16.5 (RV60)

Ya sin el apoyo de Bernabé, Pablo había formado equipo junto a Silas y Timoteo. Juntos recorrían las iglesias de la región y “les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos en Jerusalén, para que las guardasen”. Luego viene el “así que” con el que inicia el v. 5, lo que claramente comunica la idea de que el fortalecimiento numérico y espiritual de la iglesia estaba íntimamente relacionado con el trabajo del apóstol y sus compañeros. Específicamente con la comunicación de las ordenanzas del primer concilio. Pero ¿qué era lo que decía este documento?

El primer concilio de la iglesia había llegado a ciertas resoluciones plasmadas fielmente en este escrito que enviaron a los gentiles de Antioquía, de Siria y de Cilicia. Una carta a la que hoy tenemos acceso, y que encontramos en el capítulo 15.23–29, allí les liberaban de ciertas cargas relacionadas con los ritos judíos —especialmente la circuncisión— y les hacían algunas recomendaciones. Esto tuvo un efecto revitalizante, tanto que cuando fue recibida, los hermanos “se regocijaron por la consolación” (15.30, 31). No era para menos, habían encontrado la libertad del evangelio. Ahora esta misma libertad llegaba por manos de Pablo y de su equipo a otras iglesias.

Para comprender mejor las implicaciones de este mensaje, nos sería necesario hacer un estudio más completo de la carta dirigida a los gálatas. Allí se exhorta a los hermanos a vivir por la gracia de Dios manifestada en Jesucristo y no por las obras de la ley.  Nuestra tarea sigue siendo la misma: entregar a la iglesia del Señor el mensaje de la gracia de Dios. Hablar de lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Jesucristo. Enseñarle a confiar en Él, a depender total y absolutamente de Él. Debemos dejar de poner cargas que ni nosotros mismos podemos llevar y guiar a la iglesia a la fuente de agua de vida, a nuestro Señor Jesucristo.

Un comentario en “El fortalecimiento de la Iglesia y la predicación de la gracia de Dios

  1. realmente muchas iglesias de hoy necesitan ser fortalecidas, y debe empezar desde el ancianato y diaconado para que asì el crecimiento sea integral y haya un crecimiento nùmerico y espiritual para hacer crecer el reino de Dios aquì en la tierra, para que asì la iglesia sea de verdad la sal de la tierra y la luz del mundo, necesitamos ser fortalecidos cada dìa màs, para gloria de Dios.

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